domingo, 28 de noviembre de 2010

Somos nosotros mismos, muchas veces, los verdugos de nuestros propios sueños. Los matamos, muchas veces, antes de nacer; y otras tantas veces, antes de siquiera pensar en alcanzarlos. “Es imposible”, “No puedo”, siempre son las armas con que disparamos a nuestros deseos “inalcanzables”… otra palabra que no hace mas que poner barreras.
Si desde el primer momento pensamos que nuestros sueños son un simple capricho onírico, entonces estamos muy lejos de poder cumplirlos. Y aunque son las utopías las que mantienen vivos nuestros sentidos, es la misma definición de la palabra la que nos invita a ni siquiera intentarlo. Por fortuna está en cada uno dar el primer paso o quedarse con la duda. Es una elección que determina para qué lado del camino vamos a seguir.
Si uno entiende que para hacer realidad un sueño hay que intentar lo imposible, entonces seguramente está más cerca de lograrlo. Solo nosotros mismos podemos conocer nuestros límites, y solo nosotros mismos podemos romperlos. Si uno no sabe que es imposible, entonces tal vez sea mas fácil alcanzarlo… dicen que nada es imposible, yo prefiero quedarme con eso.
“Los que se atrevan a intentar lo absurdo, serán los únicos capaces de lograr lo imposible”… no suena tan absurdo, es solo cuestión de intentarlo.

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