sábado, 30 de enero de 2010

Cada uno nace herméticamente cerrado.


Podemos vivir sin saberlo y ser felices.

Tarde o temprano descubrimos o descubren nuestra clave. Podemos pensar en nuestro corazón como una clave incorrecta, pero si vivimos sin preocuparnos por ella, moriremos en paz.

Y hay gente que cree saber los códigos de todo el mundo.

Que demos las claves de nuestro corazón a otros es cosa nuestra. Claves mal usadas pueden hacernos daño encasquillando la cerradura para no poder ser abierta nunca más a no ser que nos trate un buen cerrajero.

Hay otros con una filosoflía completamente diferente, de abrir su cerradura en cuanto la encuentran, y permanecer siempre abiertos, dando una cálida bienvenida a quien se acerca.

¿El sentido de la vida? Descubrir tu clave y qué hacer con ella. Descubre a un individuo con tu misma clave y observa qué ocurre.

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